lunes, 11 de noviembre de 2013

8:00 pm



Miró su reloj, eran las ocho de la noche y en ese instante supo que él ya no llegaría, su mirada se perdió y sus ojos se inundaron, olvidó hasta el frío que recorría su cuerpo aquella noche, intentó respirar profundo para apagar un poco la  tristeza que sentía pero no pudo, fue entonces cuando un misterioso caballero se le acercó, la observó por unos segundos e intentó consolarla pero ella con una sonrisa fingida le hizo creer que todo estaba bien, quizás el caballero no le creyó, sin embargo, siguió su camino no sin antes disculparse por ser tan entrometido y fue entonces cuando ella lo miró, sintió tranquilidad, le agradeció y él se alejó. Volvió su mira hacia el cielo como queriendo pedir un deseo, un deseo que no se cumpliría, ella sabía que no había nada que hacer pero cuando amas no te arrepientes de lo que haces así los resultados sean catastróficos y simplemente se marchó pensando en cuanto lo amaba, y en cuanto dolor le causaba. Si tan solo aquel caballero hubiese sido él.

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