Miró su reloj, eran las ocho de la noche y en ese
instante supo que él ya no llegaría, su mirada se perdió y sus ojos se inundaron,
olvidó hasta el frío que recorría su cuerpo aquella noche, intentó respirar
profundo para apagar un poco la tristeza que sentía pero
no pudo, fue entonces cuando un misterioso caballero se le acercó, la observó por
unos segundos e intentó consolarla pero ella con una sonrisa fingida le hizo
creer que todo estaba bien, quizás el caballero no le creyó, sin embargo,
siguió su camino no sin antes disculparse por ser tan entrometido y fue
entonces cuando ella lo miró, sintió tranquilidad, le agradeció y él se alejó. Volvió
su mira hacia el cielo como queriendo pedir un deseo, un deseo que no se
cumpliría, ella sabía que no había nada que hacer pero cuando amas no te
arrepientes de lo que haces así los resultados sean catastróficos y simplemente
se marchó pensando en cuanto lo amaba, y en cuanto dolor le causaba. Si tan
solo aquel caballero hubiese sido él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario